
La ceniza necesaria para fabricar jabón se ha obtenido durante siglos de las cenizas de ciertas plantas, incluidas las algas marinas. En España, se quemaba una planta llamada “osan” para este fin. La ceniza alcalina resultante se llamaba “barilla”. Al mezclarla con aceite de oliva, se producía jabón blanco de alta calidad (jabón castellano).
En el siglo XVIII, la demanda de potasa, utilizada en la fabricación de jabón, vidrio y pólvora, aumentó en varios países. Alrededor de 1790, el cirujano y farmacéutico francés Nicolas Leblanc desarrolló un método para obtener sosa a partir de sal común. Posteriormente, los químicos lograron obtener sosa cáustica a partir de una solución salina. Estos descubrimientos allanaron el camino para la producción masiva de jabón.
Producción moderna de jabón
nkar 3 Los primeros fabricantes hervían los ingredientes del jabón en enormes ollas abiertas. Este proceso era supervisado por un especialista cualificado, que utilizaba una herramienta especial para remover la masa de jabón. A partir de la forma en que el jabón se deslizaba por la herramienta, el especialista determinó qué pasos debía seguir para regular el proceso de fabricación del jabón.