





Es comprensible que la calidad del jabón dependiera de sus ingredientes. En sus inicios, se utilizaban cenizas de madera y grasas animales para su elaboración. Los primeros colonos de Estados Unidos utilizaban estos materiales para elaborar un jabón suave, marrón y gelatinoso de uso diario. La grasa sólida, obtenida de la grasa de res o de cordero,
era el ingrediente principal de los jabones y velas que se producían en aquella época. Al final del proceso de elaboración, se añadía sal a la masa resultante, lo que permitía que el jabón adquiriera la forma de piezas sólidas fáciles de transportar. Estas últimas se añadían a ingredientes aromáticos como la lavanda, la alcaravea y el comino.
En el sur de Europa, el jabón se elaboraba tradicionalmente con aceite de oliva. Los jaboneros de los países del norte seguían utilizando grasa sólida. Algunos incluso utilizaban aceite de pescado. Aunque estos jabones podían usarse para lavar, no se recomendaban para el baño. Cabe destacar, sin embargo, que la historia del jabón no termina con los aceites y las grasas.