




Los datos muestran que la mayoría de los adultos y niños consumen más azúcar de la que su cuerpo necesita a diario. El azúcar no debería aportar más del 10% de la energía de los alimentos, pero muchos de nosotros presentamos este desequilibrio con alimentos discrecionales: alimentos que no forman parte de los grupos alimenticios principales y no se consideran componentes esenciales de nuestra dieta. Algunos ejemplos son los refrescos azucarados o las bebidas energéticas, los zumos de frutas y verduras, la repostería, los pasteles y las galletas.
Los alimentos con azúcar añadido también aportan energía (calorías) adicional y pueden contribuir al aumento de peso. Suelen ser menos nutritivos.
Una dieta sana o equilibrada implica consumir estos alimentos con poca frecuencia y obtener la mayor parte de las calorías de otros alimentos.
Los alimentos y bebidas azucarados también pueden causar caries, especialmente si se consumen entre comidas. Cuanto más tiempo esté un alimento azucarado en contacto con los dientes, mayor será el daño que cause.