Avanesyan

Avanesyan

Buddy lo seguía a todas partes.
Morgan compartía con él las migajas de sus sándwiches, unas gotas de agua y cualquier precario refugio que pudiera encontrar. Por la noche, Buddy se acurrucaba contra su pecho, ofreciéndole una calidez que ninguna manta podía igualar.

Pero la pobreza no siempre inspira compasión.

Los tres jóvenes no sabían nada del Morgan del pasado.

No sabían qué representaba Buddy.

No sabían que cada golpe que recibía este perro golpeaba lo que quedaba de su corazón.

Entonces, en el caos, ocurrió algo inesperado:

Buddy, un perro que apenas podía mantenerse en pie, se soltó de los brazos de Morgan y se colocó entre él y la bota levantada. Se le erizó el pelaje, le temblaron las patas, pero permaneció clavado en el suelo.

El más pequeño acto de valentía.

Y eso destrozó a Morgan.

“Amigo… no. Déjame protegerte…”

Pero ya no podía más. Demasiado débil. Demasiado hambriento. Demasiado exhausto.

Se avecinaba otro golpe.

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