La sala parecía haber sido arrasada por una tormenta: el árbol de Navidad estaba peligrosamente inclinado, los adornos destrozados y la comida esparcida por toda la alfombra.
Sin embargo, alrededor de la mesa del comedor, su familia disfrutaba tranquilamente del postre, como si el caos a su alrededor no importara.
Su madre, Diane, charlaba con naturalidad.
Su padre, Robert, bebía jugo.
Su hermana, Bianca, y su esposo, Mark, servían pastel a su hijo de nueve años, Nolan.
Su hermano, Logan, su esposa, Piper, y su hija reían con la música navideña.
Pero Ruby, su hija de siete años, no estaba por ninguna parte.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó Felicia.