Empezaron con Bianca.
Luego Logan.
Luego sus padres.
Las llamadas se volvieron histéricas:
Bianca gritaba, Logan se enfurecía, Diane lo acusaba de destruir la familia.
Felicia simplemente respondió:
“Fuiste tú quien destruyó nuestra familia el día que lastimaste a mi hija”.
Entonces intervino la policía.
Felicia presentó cargos contra todos los adultos involucrados.
Bianca y Diane fueron multadas y obligadas a asistir a clases de crianza y control de la ira.
Robert y Logan recibieron advertencias oficiales.
Todo quedó registrado en los archivos estatales.
Sin disculpas.
Sin arrepentimientos.
Esa misma noche, hornearon galletas, decoraron su pequeño apartamento con guirnaldas y rieron hasta caer rendidos en el sofá. Ruby cantó villancicos alegres, aunque desafinada.
Por primera vez, Felicia se sintió libre.
Había roto el ciclo: el favoritismo, la crueldad, esa forma tóxica de sacrificar a los silenciosos para glorificar a los ruidosos.