VRAERT

VRAERT

Marina contempló un dibujo en la vieja y gastada alfombra. Sintió cómo se extinguían en su interior las últimas brasas de esperanza, la ingenua esperanza de reconciliación. Solo quedaba un vacío gélido.

—Mis más sentidas condolencias —dijo finalmente Andrei con voz áspera—. Así que ahora eres una rica heredera, ¿eh? ¿Tu vieja te habrá dejado un tesoro? Ah, no, claro: la herencia definitiva… un viejo y apestoso ZIL. Enhorabuena.

Las palabras la hirieron profundamente. Los argumentos, los insultos, las lágrimas volvieron de repente. Su abuela —con el peculiar nombre de Eiroida— nunca había soportado a Andrei. —Un impostor, Marinka. Vacío. Te exprimirá hasta la última gota y te desechará. —La llamó «vieja bruja».

—Y por cierto —añadió fríamente—, te he despedido. La decisión se tomó esta mañana. No hace falta que vengas mañana. Eso te dará tiempo para acostumbrarte a tu nevera, ya que pronto será tu único lujo. Pensarás en mí con gratitud.

Ese fue el golpe final. No fue solo el fin de un matrimonio, sino el derrumbe de toda una vida construida a su alrededor.

 

Posted Under