BAJANUMIC HETO

BAJANUMIC HETO

Pensé que era demasiado tarde. Que treinta y un años no se podían recuperar.

Pero Fernanda me sorprendió.

«No me importa el tiempo perdido», me dijo una tarde, mientras me sujetaba por los hombros en la moto. «Lo que importa es que estás aquí ahora».

En ese momento, comprendí que la vida, a pesar de su crueldad, me estaba dando una segunda oportunidad.

Hoy, cuando me llaman «Fantasma», ya no me siento solo. Viajo con mi hija detrás, abrazándome por la cintura, mientras el viento se lleva los años.

Ya no soy un fantasma.

Soy padre.

Posted Under