амусинн

амусинн

Tom posó suavemente su mano sobre su frente febril. «Todo irá bien, mi pequeña. La ayuda está en camino». Su voz, una herramienta de mando y control durante décadas, se quebró por la emoción que había reprimido durante años. Ajustó su posición con cuidado, notando las marcas en carne viva e irritadas alrededor de sus muñecas y la alarmante delgadez de sus brazos.

Sus labios se movieron, pero no emitió sonido alguno. «No hables. Guarda tus fuerzas». Tom se quitó la chaqueta y la envolvió con ella, luchando contra una oleada de dolor y rabia.

«¿Puedes decirme tu nombre, mi pequeña?», preguntó en voz baja.

Sus labios agrietados se entreabrieron, dejando escapar un suspiro apenas audible. Pero cuando las sirenas se acercaron, anunciando el fin de su intervención habitual, Tom notó algo que apretaba en su manita: una pulsera hecha a mano, cosida con retales de tela, con una palabra bordada a mano: *Mea*.

Posted Under