

Después de la comida, extendió mantas limpias. «Dormirás en la habitación de invitados. Hablaremos mañana».
Pero no durmió. A través de la puerta entreabierta, observó a Mathieu, despierto, abrazando a Noël con fuerza, como si quisiera protegerlo del mundo.
Al amanecer, su voz se alzó en la penumbra:
«¿Por qué no me encontraste?»
Las palabras la traspasaron.
«Lo intenté», susurró. «Me dijeron que no había supervivientes. Busqué por todas partes: hospitales, orfanatos, puertos… pero te habías ido».
Apretó la mandíbula. «Esperamos. Años.»
Sintió un nudo en la garganta. «No puedo borrar el pasado. Pero puedo ofrecerte un futuro. Déjame amarte, ahora.»