sxal virahatutyun

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El viento vespertino soplaba con fuerza en el centro histórico de la Ciudad de México, colándose por el gastado abrigo de Don Mateo Hernández, un padre soltero que hacía todo lo posible por mantener a su pequeña hija, Lupita. Con cuidado, abrió las puertas de cristal de una boutique de lujo en el Paseo de la Reforma, con el corazón lleno de dudas, pero también de una promesa: darle a su hija un cumpleaños inolvidable. Su abrigo estaba rasgado en la manga y sus zapatos daban fe de las largas jornadas buscando trabajo.

En el interior, las lámparas de cristal centelleaban sobre los suelos de mármol. Todo exudaba elegancia y lujo. Los clientes, envueltos en pieles y con bolsos de diseño, paseaban con seguridad.

Pero en cuanto Don Mateo cruzó el umbral, el ambiente cambió. Dos dependientas tras el mostrador intercambiaron una mirada cómplice; una esbozó una sonrisa burlona, ​​la otra soltó una risa contenida.

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