XACHATUR

XACHATUR

Mi primer instinto fue buscarlo a él: a Víctor.

Pero la cama de al lado estaba vacía.

En la cama contigua, una anciana gemía suavemente bajo una sábana que le llegaba hasta la barbilla.

Una enfermera se acercó. Su rostro reflejaba cansancio, pero amabilidad.

«¡Ah, despertaste! Tuviste mucha suerte. Un poco más, y las consecuencias podrían haber sido mucho peores».

Asentí débilmente, incapaz de articular palabra.

¿Dónde estaba? ¿Por qué no estaba aquí, con su mano entrelazada con la mía? Las preguntas brotaban de mi mente, pero mi lengua, pesada y entumecida, no me obedecía.

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