El autoconcepto más primitivo se forma en un solo nivel: el yo físico. La autoimagen o yo físico puede estar representada por la conciencia de la propia imagen de ser atractivo/poco atractivo, bello/feo, fuerte/débil, alto/bajo, gordo/delgado. Además, una persona a menudo es consciente, y muy dolorosamente, de la correspondencia o no conformidad de sus características constitucionales con los estándares existentes.
Cada discrepancia con el estándar, por regla general, aumenta la preocupación de una persona sobre este hecho. Los autores señalan que los niños cuya altura es mayor o menor que la media lo mencionan con mayor frecuencia en sus autodescripciones. Pero el enfoque en sus propias “peculiaridades” es característico no solo de los niños. Si una persona tiene una autoestima inestable o baja, falta de confianza en sí misma, alta ansiedad, entonces las “desviaciones físicas de los estándares” que han entrado en su autoimagen pueden causar experiencias dolorosas.
También puede ocurrir lo contrario, es decir, la ansiedad, la baja autoestima, etc., pueden ser resultado de la percepción de que la propia autoimagen se desvía de los estándares. Esto ocurre cuando se da demasiada importancia al físico. La insatisfacción con el propio físico se genera, en primer lugar, por las valoraciones de los demás. Las personas para quienes el yo físico o el autoconcepto desempeñan un papel importante siempre tienen una imagen perfecta de sí mismas, de lo que les gustaría ser o a quién les gustaría parecerse.