

Las diversas soluciones al problema de la conciencia se reducen a dos polos: su comprensión materialista e idealista. El idealismo, que separa la conciencia de la actividad cerebral, siempre la ha separado de la realidad objetiva, defendiendo la primacía de la conciencia sobre la materia. El materialismo busca una comunidad, una unidad entre la conciencia y el mundo objetivo, separando la psique de lo material, considerando el ser como decisivo y primario en relación con la conciencia. El mundo material existe fuera de la conciencia, independientemente de si una persona lo percibe o no. Esta caracterización de la materia y la conciencia demuestra claramente la naturaleza secundaria de la conciencia[2].
En psicología, la conciencia es un reflejo subjetivo de la realidad objetiva y constituye la función más elevada del cerebro. El proceso de la conciencia es un fenómeno psicofisiológico complejo de múltiples etapas que implica la percepción, el procesamiento y la creación de nueva información.
Los componentes de la conciencia son: el reconocimiento, la formación de patrones (construcción de un modelo neuronal de un estímulo, imagen o patrón), la memoria del modelo neuronal de un estímulo, imagen o patrón, y la creatividad (la formación de nuevo conocimiento).