El hombre se distingue cualitativamente de los animales por su capacidad de realizar la existencia mediante su actividad práctica con un propósito, la cual no puede realizarse sin el trabajo del cerebro. Sin embargo, la conciencia no es solo una función innata del cerebro. Solo la posibilidad de su surgimiento es innata debido a una determinada estructura del sistema nervioso humano. Esta posibilidad se hace real; es decir, la conciencia solo se desarrolla en las condiciones de la vida social. Esta proposición filosófica se confirma en la práctica.
El cerebro es un órgano de la conciencia, pero a través de él, la capacidad de pensar de una persona se forma solo en las condiciones de la vida social. Por lo tanto, la conciencia es el resultado de la actividad cerebral en las condiciones de la vida social. Las condiciones más importantes para el surgimiento de la conciencia humana son el trabajo y el habla (lenguaje). El habla es la forma material de manifestación de la conciencia, que surgió como medio de comunicación entre las personas. El habla refleja toda la riqueza de la cultura y la ciencia humanas[2].