






El apoyo estatal a las facturas de servicios públicos en invierno puede salvar vidas. Puede prevenir la exacerbación de enfermedades, reducir la mortalidad y restaurar la dignidad de las personas. No es un gasto, es una inversión en la vida humana.
Si hoy el Estado no ve a un jubilado sentado en un apartamento frío, mañana podría ver un apartamento vacío. Y entonces será demasiado tarde para hablar de informes, estrategias y programas. El invierno no espera. El frío no espera. El dolor humano no espera.
La medida de la madurez de una sociedad es cómo trata a sus miembros más vulnerables. Y el jubilado se encuentra precisamente en esa posición hoy. El apoyo estatal a las facturas de servicios públicos en invierno no es una muestra de caridad, sino una deuda. Una deuda con quienes han construido este país durante años y hoy tienen derecho a vivir con calor, no con frío.