LUIS

LUIS

A veces todavía siento que tengo que lidiar con ello, o que estoy siendo melodramática.

En algún momento del otoño de 2006, estaba sentada en una habitación iluminada con fluorescentes, mirando pósteres de animales de dibujos animados felices, cuando una enfermera me clavó una aguja diminuta. No me dolió nada. Era una prueba de alergia, un pinchazo apenas agudo.

Pero entonces empecé a llorar y a temblar desconsoladamente. Nadie se sorprendió más que yo con esta reacción. Recuerdo que pensé: «Esto no duele». Es solo una prueba de alergia. ¿Qué está pasando?

Esta fue la primera vez que me pinchaban con una aguja desde que había salido del hospital unos meses antes. El 3 de agosto de ese año, ingresé con dolor abdominal y me dieron de alta un mes después.

Durante este tiempo, me sometí a dos cirugías de colon de emergencia que me salvaron la vida, en las que me extirparon 15 centímetros de colon; tuve un episodio de sepsis; estuve dos semanas con una sonda nasogástrica (que me subía por la nariz hasta el estómago), lo que me causaba dolor al moverme o hablar; y me clavaron innumerables sondas y agujas en el cuerpo.

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