
Celebraron la boda dos meses después.
Vlad alquiló un café entero; la lista de invitados que había preparado era de varias páginas. Toda su familia estaba en ella. Por parte de Sasha: su madre, su hermana, su marido y algunos colegas.
“Vlad, ¿por qué todo esto? ¿Quiénes son todas estas personas? ¿Te das cuenta de lo mucho que va a costar semejante banquete?”
“Cariño, ¡nunca has tenido una boda de verdad! Quiero organizarte una fiesta, tu fiesta. Además, no podemos invitar a unos y a otros no. Deja que yo me encargue de los gastos. Los regalos lo compensarán. Es mi decisión.”
Sasha cedió. Su madre siempre la había criticado por ser “demasiado fuerte” con los hombres. Que se sintiera hombre, por una vez.
Después de la boda, vivieron en casa de Vlad. Él se negó a mudarse con ella.
“Una mujer va con su marido, no al revés.” Te compraré un apartamento grande, pero por ahora, nos quedamos aquí. Sacha se ofreció a ayudarla, a invertir, a comprar su parte, a vender sus dos propiedades y comprar una juntos… Vlad siempre evitaba la conversación.
Una noche, justo cuando por fin se había tranquilizado, sonó su teléfono.