hrdeh

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Un nudo se le hizo en la garganta. La misma mirada profunda. Los mismos mechones de pelo. La misma expresión cándida que jamás había olvidado. Las manos de la mujer temblaban.

“Lo conocía como Daniel”, susurró. “Nunca hablaba de su familia”. Juegos familiares.

Arthur sintió que se le cortaba la respiración. “¿Estás seguro?”

“Sí, señor. Crecí a su lado. Me protegió cuando nadie más lo hizo”.

Ese hermano que nunca había vuelto a casa.

Arthur Menezes lo tenía todo: riqueza, prestigio, la estima de toda la ciudad. Su vida consistía solo en contratos, reuniones y cenas elegantes, pero nada de eso llenaba el vacío que sentía. Ningún éxito había podido curar la herida abierta que dejó la desaparición de Lucas, secuestrado cuando solo tenía cuatro años.

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