Ethan estaba allí, pálido, temblando, con los ojos hinchados de lágrimas. Me apretaba la mano con fuerza, como si temiera que me la arrancaran.
—Lo siento mucho, Emily… Nunca imaginé que ella…
La puerta se abrió antes de que terminara. Entró el doctor, con el rostro grave, casi fúnebre. El aire parecía contener la respiración.
Cuando por fin habló, sus palabras helaron la sangre de todos en la habitación.