Criar a un hijo ya es un reto. Criar a cinco, sin ayuda, parece imposible. Sin embargo, esta mujer se negó a rendirse.
Trabajaba día y noche, aceptando trabajos que otros rechazaban. Limpiaba oficinas después de medianoche, cosía ropa al amanecer y contaba cada centavo para alimentar y dar techo a sus hijos.
Pero el mundo podía ser cruel.
Los vecinos murmuraban. Los transeúntes la miraban fijamente. Algunos caseros le cerraban la puerta al ver a sus hijos mestizos. Más de una vez le dijeron que no encajaba en el barrio.
Sin embargo, cada noche, a pesar del cansancio, arropaba a sus cinco hijos, repitiendo las mismas palabras:
“Puede que no tengamos mucho, pero tenemos honestidad. Tenemos dignidad. Y, sobre todo, nos tenemos los unos a los otros.”