
…que el verdadero amor no se construye con grandes gestos ni promesas grandilocuentes.
Nace en el silencio, en la ternura de un gesto, en la valentía de abrir el corazón a pesar de las heridas.
La observé dormir; su respiración era tranquila, su rostro sereno, como si el peso de todos esos años por fin se hubiera disipado.
La luz grisácea de la mañana acariciaba su rostro, y sentí una paz que hacía mucho no conocía.
No era el comienzo de una historia perfecta.
Era la continuación de una vida imperfecta, reconciliada consigo misma.
Y por primera vez en años, no tenía miedo del mañana.