нор тун

нор тун

Se hizo el silencio.

Todas las miradas se posaron en mí.

Clarissa, lenta y deliberada, me miró fijamente con la mirada de una depredadora.

—Aquí hay un ladrón —declaró con voz temblorosa, pero perfectamente controlada—. Y todos sabemos quién está intentando desesperadamente infiltrarse en esta familia.

Una risa cruel resonó en la habitación. Los teléfonos se alzaron. Los murmullos crecieron.

—Clarissa, yo… no entiendo —tartamudeé.

—¡La vi! —exclamó Natalie—. ¡En el baño de mamá! ¡Debió de haberlo cogido!

El shock me dejó sin aliento.

—¡Eso no es cierto!

Pero Clarissa no escuchaba. Nunca tuvo la intención de hacerlo.