еханак

еханак

—¡Me lo vas a devolver todo, maldito ladrón! —gritó, y se acercó a mí con la voz ronca y los ojos desorbitados—. ¿Crees que puedes esconderte bajo nuestro techo?

No tuve tiempo de suplicar. Solo pensaba en Lily, mi hija de tres años, que jugaba en el porche contiguo. Lily, que jamás debía presenciar violencia adulta.

Corrí hacia ella, la agarré y me giré para protegerla con mi cuerpo. Sostuve a mi pequeña en brazos, preparada para afrontar lo peor.

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