El hombre se presentó: Adrian Cole, un inversor neoyorquino.
Explicó que había intentado encontrarla una y otra vez después de que una tormenta le destrozara el teléfono y la agenda.
«Volví a esa calle todos los meses durante años… pero ya no estabas».
Los vecinos, reunidos frente a la casa, fingían barrer o regar las flores, mientras intentaban escuchar.
Adrian se arrodilló ante Jamie.
«Me perdí tus primeras palabras, tus primeros pasos. Pero si no te importa, me gustaría estar aquí para todo lo demás».
Jamie lo miró, intrigada.
«¿De verdad eres mi padre?».
Adrian asintió con la voz quebrada.
«Sí. Y lamento haber llegado tan tarde».