En ese preciso instante, un profundo estruendo resonó en la calle: el rugido de los motores se acercaba.
Veinte motociclistas, miembros del club de veteranos Iron Widows, realizaban su paseo benéfico semanal.
Al frente iba Jack “Bear” Lawson, un exmarine de gran corazón, especialmente con aquellos que habían sufrido adversidades.
Al ver al hombre junto al cuerpo de la joven caída, la columna se detuvo en seco. Los motores rugieron mientras los motociclistas rodeaban la estación, bloqueando el tráfico.
Derek palideció. Su valentía se desvaneció bajo el peso de veinte miradas impasibles, figuras vestidas de cuero y con casco que parecían salidas de otro mundo.