Al caer la noche, Madeleine permaneció en su oficina, con los ojos nublados por las lágrimas mientras contemplaba las luces parpadeantes de la ciudad. Sobre su escritorio había una tarjeta de visita, dejada por Davenport:
**Harold Davenport — Presidente, Davenport Global Holdings**
Debajo del nombre, unas palabras escritas con elegante caligrafía:
*«El respeto es la mayor riqueza.»*
Al día siguiente, los periódicos financieros publicaron titulares sobre el fracaso del siglo. El contrato perdido. Los accionistas furiosos. En menos de una semana, Madeleine se vio obligada a dimitir «por el bien de la institución». Su retrato fue retirado discretamente de la pared del vestíbulo.