UVAS – Las uvas no son una fruta pobre en vitaminas; además, su composición química es muy similar a la de la leche materna. Los racimos blancos, negros, rosados o amarillos contienen vitaminas: B1, B2, B6, provitamina A y diversos azúcares, especialmente glucosa, por lo que es muy recomendable consumir estas deliciosas y jugosas frutas durante la anemia. Por cierto, las variedades de uva negra y roja contienen más microelementos necesarios para el sistema circulatorio. Los fitoncidas presentes en las uvas tienen una potente propiedad bactericida, lo cual puede ser de gran importancia para un organismo debilitado. Las uvas pueden ayudar a regular la frecuencia cardíaca, las fluctuaciones de la presión arterial, mejorar el apetito y calmar el sistema nervioso tenso. Gracias a sus sustancias, las uvas expulsan el ácido úrico del cuerpo, previniendo eficazmente la formación de cálculos. El consumo excesivo de uvas está contraindicado en casos de diabetes, hipertensión, diarrea, obesidad severa e inflamación intestinal.
CUERNO – Las propiedades curativas del carpe no se pierden, y disfrutar de mermelada de carpe durante los meses de invierno puede evitar la disminución del sistema inmunitario, la visión deteriorada y el riesgo de resfriados. El carpe contiene una gran cantidad de ácidos orgánicos: ácido málico, ácido cítrico, sustancias pectínicas y fitoncidas, taninos y entre un 30 % y un 60 % de vitamina C. Gracias a su composición química, es un estimulante del apetito y antipirético. Es un medicamento natural que regula la presión arterial y previene la aterosclerosis vascular.