Las fibras dietéticas de cereales, legumbres y pasta también entran al organismo: celulosa, hemicelulosa y pectina. La hemicelulosa es un grupo de polisacáridos de alto peso molecular que, junto con la celulosa, forman la base estructural de las plantas.
La pectina forma parte de la savia celular de las plantas y se presenta en dos tipos: pectina y propectina. La protopectina es insoluble y abunda en frutos verdes. Durante la maduración, se transforma en pectina, que ya es soluble.
La fibra controla muchas funciones corporales y pasa por el sistema digestivo sin ser absorbida. Tiene la capacidad única de absorber agua (de 4 a 6 veces su volumen), lo que da como resultado una masa suave y esponjosa en el estómago y los intestinos. Por eso, los alimentos ricos en fibra provocan una sensación de saciedad y plenitud en el estómago mucho más rápidamente, lo que a su vez previene la sobrealimentación. La fibra se hincha con agua, llenando el lumen intestinal, lo que estimula la actividad intestinal y el peristaltismo. En este caso, los alimentos pasan más rápidamente por los intestinos y son menos susceptibles a la descomposición putrefacta.