






Las semillas de sésamo han sido utilizadas por la humanidad desde la antigüedad, incluso en la antigua Grecia, Roma, Babilonia y China. La mención del aceite de sésamo se refleja en el patrimonio cultural de muchos países, así como en las Sagradas Escrituras. Para comprar semillas de sésamo, es necesario elegir las más secas y granuladas. Las semillas crudas son las más útiles. Durante el tratamiento térmico, la mayoría de sus nutrientes se evaporan.
Sin embargo, no deben almacenarse durante mucho tiempo. El aceite de sésamo es similar al aceite de oliva, pero más aromático y sin el amargor característico del aceite de oliva. Se utiliza exclusivamente para ensaladas de verduras, carne y queso. También se utiliza con fines cosméticos: para masajes, desmaquillaje y como base para cremas hidratantes. El sésamo tiene un alto contenido calórico debido a su alto contenido en grasas y proteínas. Las semillas de sésamo contienen aproximadamente un 60 % de grasas vegetales, indispensables para el cuerpo humano y que participan en todos los procesos vitales.
Las semillas de sésamo también tienen una rica composición vitamínica y mineral. Contiene vitaminas A, C, E y del grupo B, minerales, magnesio, zinc, fósforo, hierro y, sobre todo, calcio. Médicos y nutricionistas recomiendan el uso de semillas de sésamo crudas para la hipertensión, trastornos funcionales de los pulmones, las articulaciones, el hígado, la tiroides y el páncreas. El masaje corporal realizado según el método de la antigua medicina india también tiene un efecto calmante e inductor del sueño. Para ello, caliente de 3 a 4 cucharadas de aceite de sésamo al baño maría y masajee suavemente todo el cuerpo durante diez minutos, sin forzar demasiado. Después del masaje, tome una ducha tibia.