
La práctica de elaborar un horóscopo surgió ya en el siglo V a. C. en Mesopotamia y se consolidó entre los siglos II y I a. C. en la antigua Grecia, donde se crearon las “Casas del Horóscopo”. La adivinación la realizaban principalmente los sacerdotes de los templos, quienes estudiaban la disposición de las estrellas y sus direcciones de movimiento, y con base en ello, realizaban predicciones para cada signo del zodíaco. Los cálculos se basaban en la órbita del Sol y su posición relativa a cada constelación, y también consideraban la posición de otros cuerpos celestes, la Luna, otras estrellas, la hora de nacimiento, etc. De esta manera, era posible elaborar un horóscopo individual para cada persona.
El horóscopo también desempeñó un papel fundamental en la vida de los pueblos orientales, los indios y los chinos. Creían que cada persona tenía su propio destino y camino en la vida, que podía estar predeterminado por el signo zodiacal bajo el que nacía.
Hasta ahora, astrónomos, físicos y otros especialistas no han podido encontrar una explicación científica convincente de la influencia del signo zodiacal en la formación del carácter de una persona. Sin embargo, es un hecho que esta influencia y conexión existen, como lo demuestran numerosos patrones observados a lo largo de siglos y milenios.