KYANKIC HERAEL E

KYANKIC HERAEL E

 

Hoy, su ausencia se siente en nuestra escuela: no se oye el sonido de sus pasos silenciosos en los pasillos, no hay una sonrisa amable en las puertas de las aulas, no hay luz dentro del edificio que trajo consigo su presencia.

No era director de profesión, era director de corazón.

Se distinguió por su modestia, prudencia y una bondad inagotable.

Lideró no con órdenes, sino con el ejemplo.

Hoy lo despedimos con tristeza,

pero el legado que dejó —su amor por sus alumnos, su dedicación a la escuela y a la causa de la educación— seguirá vivo en nosotros.

Siempre lo recordaremos como líder, como maestro y como una persona excepcional que cambió nuestra escuela y a nosotros mismos —dice la publicación—.

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