ZITA GITA

ZITA GITA

 

No solo quería dejarla. Quería borrarla del mapa.

Esa noche, ella no durmió.

Tras este brutal enfrentamiento, Tmaine fue a la habitación de invitados y cerró la puerta con llave, como si fuera una amenaza.

Nala pasó la noche en la habitación de Zariah, sentada en una silla junto a la cama pequeña, contemplando el rostro sereno de su hija dormida.

No paraba de llorar.

¿Cómo pudo pensar que Zariah testificaría en su contra? Zariah era su mundo entero.

A la mañana siguiente, Tmaine actuó como si nada hubiera pasado. Despertó a Zariah, la ayudó a ponerse el uniforme, le dio el desayuno y la llevó a la escuela, como todos los días.

Sin decirle una palabra a Nala.

Cuando Zariah le preguntó por qué tenía los ojos tan hinchados, él simplemente respondió:

“Mamá no se encuentra muy bien, mi princesa”.

Un miedo intenso se apoderó del corazón de Nala. No podía rendirse. No podía perder a Zariah.

Tomó el teléfono y empezó a buscar abogados especializados en divorcios y derecho de familia en

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