
Y tres años antes, se había casado con la mujer cuyo bebé acababa de intentar secuestrar.
Nick no se había casado con Jolie por amor.
Sin embargo, lo proclamó alto y claro. Le había dicho que era su alma gemela, que Dios mismo los había unido bajo las lámparas de araña de cristal en la fiesta de lanzamiento de su padre en Nueva York. Le repetía una y otra vez que ella era la única que realmente lo entendía.
Lo que Nick había notado sobre todo era la gran cantidad de ceros en su herencia.
Jolie McMillan era hija única de Conrad McMillan, un magnate tecnológico y logístico radicado en Florida que había trasladado su sede a Seattle para estar más cerca de la bulliciosa Costa Oeste. Conrad, un hombre enérgico de unos cincuenta años, corría ocho kilómetros al día, bebía jugo verde y daba…