La monja explicó que el niño había sido traído con documentos falsos durante un período de caos político en el que se hacían pocas preguntas. La mujer había afirmado que era huérfano.
Arthur apretó los puños. Todo finalmente tenía sentido: el secuestro, las pistas falsas, los años de silencio. Su hermano había vivido, todo ese tiempo, a pocos kilómetros de casa.
La monja mencionó entonces un último detalle. Antes de desaparecer, el niño había dejado un dibujo.
Mostraba una casa grande, un piano y dos niños tomados de la mano. En una esquina, una letra temblorosa decía:
**”Soy Lucas Menezes. Un día, mi hermano me encontrará.”**
Arthur y Clara rompieron a llorar. La verdad estaba tomando forma.
**En busca de los años perdidos**