
Pasaron las semanas. Luca floreció. Víctor redujo sus horas de trabajo para dedicarle tiempo a su hijo, enseñándole a nadar, a montar en bicicleta y a explorar libremente los jardines. Serena se convirtió en más que una niñera; se convirtió en un miembro de confianza de la familia. Poco a poco, el amor floreció entre ella y Víctor, culminando en una boda tranquila en el jardín, con Luca luciendo con orgullo los anillos.
Un año después, Luca entró en la habitación de sus padres una mañana.
“¡Mamá! ¡Papá! ¡Despierten!”, exclamó con sus ojos verdes brillantes.
Serena rió mientras se incorporaba en la cama.
“Buenos días, pequeño terremoto”.
“Mamá, ¿es cierto? ¿Voy a tener un hermanito o hermanita?”
Serena le sonrió a Víctor.
“Sí, Luca”, dijo, acariciando suavemente su creciente barriga.
Víctor los abrazó a ambos con fuerza. La mansión, antes un lugar de miedo y manipulación, ahora estaba llena de risas, amor y alegría. La crueldad del Dr. Hartley había sido reemplazada por seguridad, libertad y una familia unida.