Володя

Володя

Cuando se dio la vuelta, su rostro no reflejaba preocupación profesional… sino el miedo primigenio de un hombre que presiente el peligro. Bajó la voz, como si temiera que las paredes lo oyeran.

—Sarah… tienes que irte. Ahora. Y tienes que alejarte de tu marido.

Las palabras me golpearon como un puñetazo. ¿Mi marido? ¿Ethan? ¿El hombre que me propuso matrimonio en París? ¿El que estaba construyendo la casa de nuestros sueños en Bellevue?

—Estás loco… ¿Qué viste? —susurré.

Garabateó algo en una pequeña libreta, dobló el papel en un cuadrado diminuto.

—No puedo explicártelo aquí. No ahora. Vi… algo que lo cambia todo. Algo que me dice que estás en peligro inminente. Y que ese peligro proviene de la persona más cercana a ti.

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