

Sophie sonrió, educada pero fría, y se dirigió directamente a Emma.
—Enhorabuena —dijo, entregándole un sobre con el sello en relieve. Luego se marchó, subiendo a su coche, sin decir una palabra más.
A Emma le temblaban las manos cuando Ryan abrió el sobre. No había tarjeta, ni dinero; solo un recibo de transferencia bancaria. Ocho mil dólares. Ryan Carter le había devuelto el dinero a Sophie, con una nota: «Te devuelvo el capital y los intereses. También me debes una disculpa. —S.»
La revelación dejó atónita a Emma. Esa noche, a solas en la suite nupcial, se enfrentó a Ryan.
—¿Por qué está tu nombre aquí? —Ryan tragó saliva—. Estuvimos juntos… en la universidad. Antes de que llegaras.
—¿Me dejaste llorando por ese dinero? ¿Me dejaste buscándolo mientras me ocultabas la verdad?
Él le explicó que Sophie lo había contactado para saldar sus deudas y que pensó que pagar el dinero sería suficiente para acabar con todo. Emma se dio cuenta de que había sido una pieza más en su juego de cuentas.