
Apenas habían salido cuando sonó el teléfono.
—¿Señorita Emma Hayes? —dijo una voz tranquila—. Soy David Lin, de Lin & McCallister. Su tío abuelo, Charles Whitmore, ha fallecido. La nombró su única heredera… de todo. Incluida Whitmore Industries.
Me quedé sin palabras. —¿Whitmore Industries?
—Sí. Pero con una condición: debe ejercer como directora ejecutiva durante un año. Si lo logra, la empresa será completamente suya.
Dos días después, me encontraba en una torre de cristal con vistas a Chicago, con el corazón latiéndome a mil por hora.
—Soy profesora de arte, no directora ejecutiva —le susurré a David.
—Su tío creía que su integridad salvaría esta empresa —respondió, entregándome una carta.
—Que la rectitud la guíe —escribió mi tío—. Todavía tiene alma; intente conservarla.
Esa noche, el miedo dio paso a la determinación.