
Las horas transcurrieron en un pesado silencio.
Alrededor de las tres de la madrugada, Nam se despertó para ir al baño.
Al encender la luz, notó algo extraño.
Al salir, pasó por la pequeña oficina al final del pasillo.
Un leve ruido captó su atención.
La puerta no estaba cerrada con llave. La abrió con cuidado.
Ngoc estaba allí, aún con el mismo camisón. Sin maquillaje, con el cabello suelto, miraba fijamente una vieja fotografía: una niña de unos seis años y un hombre sonriente abrazándola.
Sorprendida, apartó la mirada y le dedicó una triste sonrisa.