Una leve y triste sonrisa se dibujó en sus labios. «Para descubrir la verdad… sobre alguien a quien quiero».
Cuando él le explicó su plan, Evelyn parpadeó incrédula. Debía disfrazarse de niña sin hogar —ropa sucia, pelo enmarañado, sin rastro de riqueza— y acercarse a Lily en su cafetería favorita. Richard quería observar cómo trataría Lily a alguien que no tenía nada que ofrecerle.
Esto no era un juego. Era una prueba del corazón.
Evelyn vaciló. La idea de engañar a alguien la inquietaba. Pero el tono serio, casi doloroso, de su padre la convenció.
«La gente revela su verdadera naturaleza… cuando cree que nadie la observa», murmuró.