

https://pressmedia.am/?p=200244&l=am&fbclid=IwY2xjawN5rLtleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFPaTNXWk5PaVJMclN2ZElLc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHjAETCs-Pd5Chz2y5LRnca5B_f7RE0W71NFN_IB2obDfTgkjlEt43Uq5gXSJ_aem_VxFnpnKO_2wEqhgxIA2Pdw
Entre ellos estaba Emily Parker, una estudiante de arte de veintidós años, sentada en su silla de ruedas.
Nacida con espina bífida, había aprendido a transformar el dolor en fortaleza; su radiante sonrisa a menudo hacía que quienes la conocían olvidaran su discapacidad.
Pero ese día, un hombre decidió recordárselo de la forma más cruel posible.
Un hombre alto y de hombros anchos, con un fuerte olor a alcohol, se tambaleaba cerca de la parada del autobús.
Se llamaba Derek Holt, un matón conocido en el barrio por sus peleas y su violento temperamento.
Cuando Emily se acercó demasiado a la acera, él gruñó con voz ronca:
«¡Lárgate de aquí, lisiada!»
Antes de que nadie pudiera reaccionar, le dio una patada a la silla de ruedas. Emily cayó al pavimento.
Un murmullo de sorpresa recorrió la parada. Su mochila se abrió de golpe y sus cuadernos de dibujo se esparcieron por la acera.
Derek sonrió con malicia, deleitándose con el miedo en sus ojos.